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El pasado 9 de febrero, Don Séptimo Bacaloni, arribó a sus 99 años de vida en absoluta vitalidad, energía y lucidez que es motivo de la admiración de sus amigos y vecinos, quienes mantienen un lazo de profunda estima.

Casi un siglo de vida que lo festejó compartiendo un brindis con los amigos en la puerta de su casa, retribuyendo el cariño que le brindan a diario por ser una excelente persona que ha vivido distintas etapas de la historia de la localidad de General Arenales.

Don Séptimo Bacaloni nació en una estancia, lindando con la provincia de Santa Fe, hijo de inmigrantes italianos que fue forjándose el futuro en base al esfuerzo y al trabajo cotidiano. Luego de muchos años en el campo, en el año 1955 se radicó con su familia en General Arenales, donde puso un almacén de ramos generales.

El estimado vecino recuerda a su pueblo en aquellos años, mencionando: “no había nada, la comisaria estaba en un rancho y algunos pocos edificios como el Banco Nación y la Municipalidad que en esa época era más chica, pero de a poco fue adelantando el pueblo. Me casé en el 39 y había que trabajar porque no había plata y me hice una quinta para venir a vender verdura en el pueblo, sandías, melones, papa y todo eso. También hice diario de acopio en los campos, donde vendía ropa y cigarrillos y compraba huevos, pollos, lechones y mandaba a plaza con toda la mercadería que juntaba a un consignatario, recorriendo toda la zona”.

“Trabaje diez años en el carro y como me había cansado pensé ponerme atrás de un mostrador. Entonces, en el 55 me vine al pueblo e instalé un negocio, alquilando un local durante cuatro años y después me compré la casa de enfrente, donde vivo actualmente al lado del Banco Nación”, comentó Don Séptimo Bacaloni.

Y agregó: “me dedique al rubro mercado, despensa, venta de cigarrillos, hojas de afeitar, entre muchas cosas más. Y en el 78 me jubilé junto a mi señora, quien falleció hace cinco años. Por lo tanto estoy solo en Arenales, pero tengo muchísimos amigos, una hija en Zarate con cinco nietos y siete biznietos. Estuve tres meses paseando con mi hija, pero a mí me gusta estar en Arenales y con mi gente”.

“Mi hijo trabajó 40 años en el Banco Nación y cuando se iba a jubilar falleció a raíz de una enfermedad, pero tengo a mi nuera y mis nietos, quienes me quieren mucho y siempre vienen a verme, al igual que muchos amigos de toda la vida”, indicó.

Por último expresó: “nací en este pueblo que quiero mucho. Acá organicé el Centro de Jubilados y Pensionados junto a otros colaboradores, entre otras cosas que tuve la suerte de compartir con mis queridos vecinos, a quienes les mando un abrazo fraternal y les agradezco por tanto cariño”.