Está bien estar mal.

por la Lic. Mercedes Blanco (MP: 10776)

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En este momento de gran incertidumbre todos asumimos, en mayor o menor medida, la misma información:

Debemos quedarnos en casa ya que de esta forma evitamos que colapse el sistema de salud; Conocemos los síntomas del COVID-19: fiebre, tos, falta de aire, dolor de garganta; Los adultos mayores constituyen la población de riesgo; Estamos al tanto de cuántas personas mueren por día en nuestro país, cuántas personas se infectan y de qué forma, y además conocemos los números fatales de otros países como Italia, España y China, entre otros.

Somos conscientes de que debemos lavarnos bien las manos con jabón y que tenemos que evitar tocarnos la cara; Que el alcohol y la lavandina disueltas en agua funcionan como desinfectantes; Además sabemos que para cuidarnos durante el aislamiento es primordial evitar la sobreinformación, que para cuidar de nuestra mente y cuerpo es importante hacer ejercicio en casa, que hay ¡muchísimas! opciones de juegos caseros para realizar con los chicos, que es necesario mantener una rutina, es decir: dormir de 6 a 8 hs diarias, respetar las 4 comidas y mantener el contacto social aunque nos encontremos aislados; Por último este tiempo nos viene bien para retomar actividades que descuidamos por la vorágine del día a día.

Todo ello es absolutamente útil y es valioso contar con dichas advertencias y consejos para sobrellevar este momento de la mejor manera posible.

Ahora bien… ¿Hay lugar para el dolor? ¿O estamos evitando tomar demasiado contacto con los sentimientos que nos produce la situación actual? ¡Esto no es nuevo! Todos tuvimos momentos complicados en lo afectivo y cada uno de nosotros hemos experimentado en algún momento emociones “desagrables” y ante estas circunstancias la respuesta habitual es la evitación.

Sin embargo te propongo que miremos de frente nuestros miedos, nuestras angustias o nuestros enojos. Estamos atravesando un momento de enorme inseguridad y es natural sentirnos angustiados, por eso el remedio no es suprimir estas experiencias negativas porque suceden a nuestro pesar y sería algo así como luchar contra la corriente. Un pequeño consejo: permitite sentirte mal, triste o angustiado/a. Es una respuesta normal. Una vez que aceptamos la realidad tal como es podemos empezar a actuar y decidir qué hacer ante las circunstancias actuales.

Si bien estamos frente a una situación nueva que nos atraviesa a todos por igual, constantemente nos exponemos a escenarios que ponen en jacque nuestra estabilidad, por ello contamos con un sistema de emociones que nos permiten adaptarnos.

La resiliencia es la capacidad de recuperarnos luego de una situación muy difícil desde el punto de vista emocional. Si bien el núcleo del concepto se arraiga en la capacidad de adaptación ante la adversidad, también implica la posibilidad de aprender del reto.

El desafío que esto nos presenta es cómo aprovechar las dificultades presentes para crecer y fortalecernos. Su efecto fortalecedor no significa indiferencia o frialdad frente al dolor, sino mayor desarrollo personal ante la limitación.

Entonces, ¿cómo podemos salir fortalecidos de este momento?:

– Aceptando el dolor y transitando la tristeza.

– Viéndolo como una oportunidad para crecer internamente.

– Recordando que todas las situaciones son temporales.

– Registrando que eres mucho más que tu productividad actual.

¡Confiando en tu propia capacidad!

¡Está bien estar mal! Lo que ahora sientes no durará para siempre.