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Los Monos, la banda que construyó su negocio narco con la muerte

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Hoy se dicto en Rosario la sentencia contra los integrantes de la banda Los Monos. “Monchi” Machuca Cantero (camisa azul) Fuente: LA NACION – Crédito: Marcelo Manera



Las historias que salpican a la banda de


Los Monos
están manchadas de sangre. Y forman parte de un engranaje que aceitó este grupo al colectivizar los crímenes, que hicieron visibles las biografías de estos nuevos hampones ligados a la narcocriminalidad.





Este lunes
los dos líderes máximos de la banda recibieron duras condenas. Ramón Machuca, alias Monchi, fue condenado a 37 años de prisión, mientras que su hermanastro Ariel Máximo Cantero, alias Guille, recibió una pena de 22 años. Estarán tras las rejas por mucho tiempo, pero desde los calabozos donde van a seguir en prisión continúan manejando los hilos del
grupo narcocriminal, como investiga la Justicia Federal.


Negocio millonario

Los Monos montaron un negocio millonario a partir de la producción y venta de una cocaína barata, adaptada al mercado popular. Inventaron un modelo de negocios con la diseminación de más de 200 búnkeres para vender esa droga y protegerse de sus competidores con esas construcciones blindadas, que estaban a la vista de todos, incluso de la policía, su principal aliado.





Duras condenas para los máximos líderes de la banda narco
Duras condenas para los máximos líderes de la banda narco Fuente: Archivo



La extrema violencia que diseminaron por Rosario, sobre todo, después de la muerte del líder Claudio Cantero, alias Pájaro, el 26 de mayo de 2013, siempre la usaron en función de mantener el negocio del narcotráfico. La muerte era parte fundamental del engranaje de la empresa, que funcionaba de manera aceitada a partir de las complicidades con la policía que este grupo tejió a lo largo de sus 20 años de existencia.


A sangre y fuego

Los crímenes servían para demarcar el territorio a sangre y fuego. Por ahora sólo les probaron cinco, pero a lo largo de estas dos décadas se apilan de a decenas. En las conversaciones telefónicas y videos registrados a los miembros de la banda la muerte parece banal, cotidiana, como cuando un policía le cuenta a “Guille” Cantero el resultado de un ataque a balazos: “Siete en el blanco. Dos en el chope, dos en la zapán, dos en el brazo, uno en la pierna”. Y él contesta: “Buenísimo”.






Fuente: Archivo

Esta banda gozó de un beneficio extra. La Justicia Federal los empezó a investigar recién en noviembre de 2015, unos días antes del recambio del gobierno. Y la única causa que los puso contra las cuerdas fue la que se gestó en el fuero provincial, donde se los acusó de organización ilícita. Ese vacío disparó irregularidades y sospechas en la propia pesquisa que llevó adelante el polémico juez Juan Carlos Vienna, quien fue fotografiado en dos peleas de box en Las Vegas con un narco rival de los Cantero.


Banda de delincuentes

La familia Cantero era hasta entrada la década pasada una banda de delincuentes bravos, pero de poca monta. Surgieron en villa La Granada, un asentamiento que se gestó meses antes del Mundial 78, cuando los militares decidieron subir en camiones a los pobres que no debían ser vistos y depositarlos en la frontera sur de la ciudad. Allí se formó un barrio cuyas calles tienen nombres de flores, pero están despojadas de poesía.






Fuente: LA NACION – Crédito: Marcelo Manera

La causa de Los Monos descubrió el velo y exaltó de manera casi mitológica la historia de un grupo mafioso que a partir de un amplio despliegue territorial ganó dinero y poder. Montados a la expansión de la demanda de cocaína, los Cantero pasaron de galopar a caballo a transitar en autos importados y a construir una mansión en Pérez, con una pileta con la forma del ratón Mickey.

Este lunes fueron condenados por asociación ilícita y crímenes. Le queda a la Justicia Federal una deuda pendiente: juzgarlos por narcos.














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