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Os presentamos a Vlad “El Empalador”: el Drácula original

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Desde su publicación en 1897, la novela del escritor irlandés Bram Stoker ha conseguido hacer de Drácula y de los vampiros un género narrativo que ha resultado todo un éxito. Por si fuera poco, ha influenciado a muchos otros autores a seguir escribiendo sobre esta temática o incluso llevar estas obras al cine, la televisión o el teatro. Pero el origen de Drácula se remonta a finales del siglo XIX, cuando Stoker se fijó en la figura del antiguo príncipe de Wallachia, Vlad III “El Empalador”, que al parecer decía tener un gusto especial por beber sangre.

Su historia se remonta a 1431, cuando nació en lo que se conoce ahora como Transilvania, en el centro de la actual Rumania. A pesar de esta unión con la región, no llegó a tener ninguna propiedad en la zona, tal y como afirma el profesor de Historia Medieval y Arqueología de la Universidad de Florida, Florin Curta: “Vlad III nunca tuvo posesiones en Transilvania. De hecho, el castillo de la zona que se cree pudo pertenecer a este príncipe no fue usado nunca como su residencia. Su situación y el hecho de que esté rodeado habitualmente por niebla lo convierten en algo tenebroso, pero el verdadero Drácula no llegó a poner un pie en él”.

¿De dónde viene el nombre de “Drácula”?

Cuando nació Vlad III, su padre pasó a formar parte de una Orden de Caballeros conocida como “La Orden del Dragón”. Esto hizo que a partir de ese momento obtuviera el sobrenombre de “Dracul”, que viene de la antigua palabra romana para dragón “Drac”. Por ello, su hijo, fue conocido como “el hijo de Dracul” o en rumano antiguo “Drăculea” (de ahí el nombre).  Se cree que Stoker leyó un libro que hablaba sobre Wallachia en el que se referían a él como “Drácula” y que la palabra podría tener tintes demoniacos, por ello se quedó embelesado con el nombre, y así decidió escribir su obra bajo ese nombre.

En cuanto a lo de beber sangre, cuentan las historias de la época que cuando se convirtió en príncipe, disfrutaba viendo cómo empalaban a todo aquel que no estaba de acuerdo con su forma de gobernar o incumplía la ley. De hecho, varias historias cuentan que en una ocasión invitó a medio millar de nobles a una comida (algunos de los cuales habían traicionado a su padre y le habían enterrado vivo años atrás). Como no sabía quién había sido exactamente, los mató a todos. Posteriormente, llenó varios recipientes  con su sangre y mojó pan en ellos mientras comía. Una escena cruel que le hizo ganarse la fama de “catador de sangre” y que inspiró la obra, ya que decían que parecía disfrutar de ello.

Esta historia llegó a impactar tanto que usó la misma técnica en varias ocasiones. Por ello, si te invitaban a cenar con él, la gente ya sabía cuál iba a ser su fatídico final: una estaca desde el ano a la boca, hasta acabar desangrado. 

Fuente: LiveScience



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