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¿Alguna vez imaginaste navegar por un mar de lotos? ¿Recorrer los caminos del agua entre millones de flores color rosa? Tal vez tus fotos no logren retratar lo impactante que es el paisaje ubicado en los alrededores de la ciudad de Udon Thani pero si lo que se busca es conocer un lugar que quedará grabado en las retinas por siempre, sin lugar a dudas, ésta es una gran elección.

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Viajando por el noreste de Tailandia, alejados de la ola de turistas y sorprendiendo a más de un local que no acostumbra recibir a muchos visitantes extranjeros, uno no encuentra demasiados motivos ni atractivos para quedarse y hacer noche. La mayoría de los viajeros pasan por alto estas ciudades para ir directo desde Bangkok hasta Vientián y cruzar la frontera con Laos. Pero es bien sabido que cada lugar tiene su magia y tomarse un tiempito es muchas veces encontrar experiencias que realmente valen la pena. La increíble excursión al “mar rosa” es uno de estos regalos escondidos que hacen del viaje algo más que un simple recorrido.

Levantarse muy temprano será el primer escollo para aquellos  que les gusta dormir hasta tarde. Todas las excursiones que salen hacia el lago comienzan a las seis de la mañana cuando el sol tímido apenas asoma unos pequeños rayos de luz. Al comenzar el trayecto de navegación, a bordo de un simpático barquito plástico, ya se pueden visualizar algunas pocas flores amontonadas al costado del bote que hacen dudar si realmente fuimos en la mejor época. Pero con el pasar de los minutos y después de algunos bostezos confirmamos que en febrero aún quedan miles y miles de lotos tan grandes y rosas que no caben en la mano.

El recorrido dura aproximadamente una hora o dos dependiendo del tipo de trayecto que se haya pagado o de la buena onda del “capitán”, que de yapa detiene el botecito dos o tres veces para apreciar la inmensidad de colores de cerca y tomar algunas (miles) fotografías.

El sol con todo su esplendor ya brilla en lo alto del cielo, formando una laguna dorada si se lo mira de frente, que ilumina aún más los lotos cada vez más rosados con hojas cada vez más verdes donde sobrevuelan muchas aves que habitan en el lugar.

Hacia el final del recorrido ya satisfechos de la experiencia vivida regresamos a puerto por un camino perfectamente marcado por el paso de otros barcos sin dejar de mirar de lado a lado la inmensidad de la laguna rosa con aguas del río Mekong. Y como las flores del loto también partimos, sabiendo que quizás regresemos algún día como ellas, a encontrarnos aquí entre diciembre y febrero en aguas tailandesas.