En un contexto de crecientes denuncias de maltrato y debates sobre los animales como sujetos de derecho, la protección animal no puede analizarse dejando de lado su interrelación con la salud pública.Por estos días continúan apareciendo informaciones y estadísticas sobre casos de maltrato animal. Según un informe del diario Clarín publicado en el mes de septiembre, se presentaron en la Fiscalía de la Ciudad de Buenos Aires 228 casos durante el primer semestre de este año, la gran mayoría por golpes y encierros. Estas denuncias se realizan por infracciones a la Ley de Protección Animal 14.346, que castiga con entre 15 días y un año de prisión a los que someten a malos tratos o actos de crueldad a los animales. De la misma manera, aparecen como frecuentes las denuncias por animales dejados en las terrazas y balcones. Estas estadísticas siguieren que, en las ciudades, la mayoría de las denuncias tienen como protagonistas a animales domésticos, los cuales reciben agresiones de personas o de otros animales.

Como es sabido, la relación entre los humanos y los animales es histórica y estrecha, funcional en algunos casos y sentimental en la gran mayoría, lo que ha derivado en  que las mascotas y otros animales sean parte de nuestra vida cotidiana. Al mismo tiempo, el aumento desmedido de mascotas en las ciudades plantea problemas de cohabitación (atravesados por factores sociales, económicos, culturales y educativos) que ponen en riesgo a la población en general y precisan una reflexión sobre las interrelaciones que derivan de esta situación. Pero pensar en el maltrato animal va más allá de perros y gatos, tiene que ver también con las condiciones y controles referentes a la sanidad de los animales en los sistemas productivos agro-ganaderos y con los ecosistemas en general.  Desde hace tiempo, el debate sobre los derechos de los animales, aunque aún irresuelto, se hace más presente en distintos ámbitos sociales.

Los derechos nacen dentro de la sociedad, como instituciones para garantizar el orden, la armonía y el bien común. La razón, como aquella habilidad de discernir aquello de lo que se cree bueno y de lo que se cree malo, es la que permite al individuo tomar decisiones previendo un resultado. Esto hace que se establezcan normas que permitan convivir. Estas herramientas implican necesariamente tomar la decisión racional de respetarlos.

Por otro lado,  en ausencia de seres humanos, en los lugares donde interactúan los animales, no existe otra ley que no sea la supervivencia del más fuerte o hábil. Se plantea,  también, entender que los animales poseen el sistema nervioso desarrollado, es decir, tienen la capacidad de sentir dolor (de sentir en general). El debate actualmente planteado implica reflexionar sobre si esta es o no una condición suficiente para nombrar a los animales como sujetos de derecho. El debate es complejo y está abierto.

Si bien esta discusión llegó a tomar estado jurídico en varios países, lo que aún no se ha logrado implementar son estrategias educativas que formen parte de un plan más amplio: la violencia y la crueldad no son aceptables nunca, ni entre seres humanos, ni ejercida sobre otras especies vivas. El sufrimiento animal producto de actos deliberados por parte del ser humano es algo lamentable, pero ningún debate puede dejar por fuera lo referente a la coexistencia con animales y sus repercusiones en la salud pública para establecer medidas que minimicen los factores de riesgo de zoonosis en la ciudades y zonas rurales.

El Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires trabaja y promueve incansablemente la Tenencia Responsable porque implica  tomar conciencia de un doble compromiso fundamental de cada individuo: el la de garantizar el bienestar y la sanidad de los animales y el de preservar la salud pública. La armonía de la convivencia con ellos depende de nuestra capacidad como seres humanos para generar esas condiciones, tanto en las ciudades como en todo el territorio. No es posible pensar estas dos cuestiones por separado porque, como tantas veces se ha expresado, cuidar la salud y el bienestar de los animales domésticos y silvestres, es cuidarnos a nosotros mismos, a toda la comunidad, a los ecosistemas y, por ende, a la vida.

Esta Institución ha expresado la ausencia de estrategias educativas dentro de un plan integral para cualquier debate que implique este doble compromiso. Es indispensable la participación del Ministerio de Educación y de la ciudadanía en el diseño de las políticas públicas integrales a implementar.

Desde el Colegio de Veterinarios se insiste en la inclusión de la Tenencia Responsable  en la currícula de educación, pero también, la relación entre los seres vivos en cualquier tipo de debate que implique pensar en la salud, bienestar e integridad de todos, el ser humano incluido. Prevenir es el camino para el cambio, promoviendo las prácticas responsables y la conciencia necesarias.

La educación debe una  herramienta fundamental para la prevención y debe estar presente en cualquier debate sobre la sanidad de los animales.